Muy cerca del sol

Ocho años después de su último disco, Guille Milkyway regresa con esas ganas irrefrenables de saltar al vacío, inmolarse y nos lleva de la mano hasta tocar el mismo sol.

Guille Milkyway busca hacer de cada disco una escapada, y entre más lejos, mejor. Si en su producción anterior nos mandó a La Polinesia Meridional, en esta ocasión nos lleva de la mano hasta tocar el mismo sol. Mientras preparaba esta nueva entrega, Guille liberó, poco a poco, canciones aisladas e inconexas pero que juntas armaron el rompecabezas de La Gran Esfera: por primera vez en la historia de La Casa Azul tenemos una continuación directa que conecta musicalmente con el disco anterior. Se trata de un acontecimiento, pues en todos estos años nos acostumbramos a ver a Guille reinventarse en cada uno de sus lanzamientos. Ahora, sin embargo, parece que ha detenido esa búsqueda implacable y ha decidido resguardarse, desde finales de 2011, en una discoteca que alterna piezas lounge, con trance, house y electro pop. Aquí me parece apropiado usar su propia metáfora del viajero especial: aterrizó en un planeta que no piensa abandonar así de fácil.

El espíritu de La Gran Esfera, y de casi todo lo hecho por La Casa Azul, ya tiene nombre y forma: el complejo de Guille Milkyway, esas ganas irrefrenables de saltar al vacío, inmolarse y saber que todo va a terminar bien. En diez canciones nos reencontramos con esta filosofía de vida que se ha vuelto ya parte imprescindible del pop en español. La caída del amor, la catástrofe siempre inminente y un pesimismo cursi son los temas por los que se desvive el álbum. El propio autor ha descrito a La Gran Esfera como un disco de transición, aunque me gusta verlo sobre todo como un disco en donde él mismo se refina y reafirma. La épica y la composición meticulosa siguen ahí; momentos climáticos como cuando la música se detiene y Guille grita: “¡Nadie pudo volar! ¡Nadie pudo escapar de aquí!” regresan con el sello de la casa; o “Ivy Mike” un tema sensualísimo que también evoca a los días de La Polinesia Meridional.

Por otra parte, “El Momento” y “Podría Ser Peor”, por ejemplo, son estupendos temas para arrancar el verano y obtener un éxito inmediato. De ahí que haya una apuesta cada vez más clara que apunta hacia lo mainstream. Si bien, no por ello descuida a los seguidores que fueron cautivados por el extraño pop que La Casa Azul trabajó durante 15 años. A ellos, Guille les reservó pasajes enteros en “Hasta Perder El Control”, “El Colapso Gravitacional”, y “Saturno (Todo Vuela)” con todo y sus teclados de ELO. La Gran Esfera llega mucho más nivelado y sin los altibajos de La Polinesia Meridional. Es decir, se deshizo de los momentos muertos, pero a costa de las sorpresas que han hecho de La Casa Azul una sensación.

Quizás se deba al errático proceso creativo al que se enfrentó Guille durante la conformación de La Gran Esfera, pero por alguna razón en esta entrega el catalán escatimó en guitarrazos, voces japonesas, ambientes como de persecución o anécdotas hilarantes. Esto ha dejado al álbum con un incómodo vacío que además no me fue fácil identificar. Fue en verdad asombroso toparme con un disco mucho más serio de lo esperado, lo cual me rehúso a ligar con una fase de maduración. La Casa Azul es uno de los proyectos musicales más divertidos y entrañables de la actualidad, pero ninguno de estos componentes fue invocado para La Gran Esfera. No quisiera generar un malentendido. Se trata de un disco de manufactura impecable pero que le falta el alma de niño de sus antecesores. Quizás eso pasa cuando uno se acerca demasiado al sol.

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